¿Muerte de la privacidad?

panopticoPanopticon, Haarlem. 1910. Anónimo.

La privacidad no ha existido siempre del modo como la experimentamos hoy. Ante la pregunta por la muerte de la privacidad yo me cuestiono por aquello que le dio vida. Y de acuerdo con Alain Corbain, considero que la vida privada es un valor asociado a la sociedad capitalista, esto es a la propiedad privada. Por eso, si hablamos de privacidad en la red creo que la discusión vira necesariamente hacia la condición de propiedad, lo cual no es tampoco novedad.

Cuando reclamamos nuestro derecho a la privacidad, porque en este momento y en este contexto es esa la manera como ‘vive’ la privacidad -en la medida que la vemos violada o abusada-, reclamamos nuestro derecho a ‘ser dejadas tranquilas’, a guadrar secretos, a movernos con libertad en un entorno donde, en principio, no somos soberanas. Bien apuntaba Laura Siri al señalar que la clave no puede ser más que política,

“Lo cual excluye especialmente las soluciones individualistas. No es cuestión de que yo diga “no uso facebook para que no me vigile”. Es cuestión de que ese tipo de empresas privadas se vean presionadas por la acción pública para no incurrir en prácticas cuestionables. También una puede utilizar distintos sistemas de encriptación y mejorar sus prácticas de seguridad informática. Pero, del mismo modo, aunque recomendemos hacerlo, quien crea que es la panacea puede encontrarse con desagradables sorpresas”

Y el problema es que mientras procuremos andar con libertad por entornos que no nos pertenecen, seguiremos pidiendo permiso para poder hacerlo, encriptando nuestras comunicaciones y desarrollando a la par estrategias de seguridad cada vez más complejas para protegernos de las empresas comerciales o de la vigilancia estatal o de la delincuencia cibernética o del terrorismo. Y son ámbitos bien diferentes para que debamos partir de los mismos protocolos de protección como respuesta.

Pero ese es justamente el problema al que nos enfrentamos cuando, por ejemplo, discutimos al interior de los movimientos sociales sobre las estrategias de seguridad. ¿Debemos proteger nuestras comunicaciones y navegación en red solamente cuando hacemos parte de un movimiento? No, por supuesto, porque también nos parece un abuso que empresas como Google o Facebook estén atentas a cualquier palabra que tipeamos o a cualquier ‘me gusta’ que declaremos, para ofrecernos tal o cual producto o servicio. Y esto a millonadas de dólares.

Y sin embargo, la elección por software o servicios no comerciales, o parcialmente comerciales o, por qué no, abiertamente activistas, nos convierte en objetivo de vigilancia, de seguimiento y estigmatización (el uso de Telegram o Riseup han sido condenados por las autoridades e incluso Riseup fue víctima de allanamiento). Aunque no tengamos nada que esconder, no somos libres de elegir un servicio menos privativo, pues esto conlleva riesgos que debemos asumir. Y en cambio, si no tenemos nada que esconder y utilizamos los servicios comerciales y privativos para comunicar algo a nuestro antojo, somos suceptibles de vigilancia, seguimiento y criminalización, como ocurrió en Colombia a un usuario de Facebook que resultó detenido por instigar al delito a través de la red social.

Pero, por otro lado, si queremos mayor seguridad y soberanía en la red, debemos entonces comportarnos como criminales, imaginando claves dificilísimas, ocultas en llaveros seguros, diligenciadas a través de sistemas seguros donde cada paso nuestro será borrado, olvidado rápidamente. Entonces, para que no nos vigilen nos vemos convertidas en nuestra propia policía, guardando atento cuidado a cada movimiento. Entonces el panóptico se ha realizado, cuando lo llevamos incorporado y así, para el mundo comercial no somos otra cosa que un segmento de mercado, muy lejos de ser menos consumista aunque procure utilizar software libres y servicios menos privativos.

Y en cambio las empresas allí, en la comodidad de su poder adquisitivo, de su incidencia política, de su necesaria existencia para la existencia de la red, porque ocupan el espacio más grande allí. Apenas son cuestionadas o investigadas por seguirnos aún si no queremos acceder a sus servicios. Entonces se me ocurre que la mejor manera de ganar en privacidad es a través de la transparencia, específicamente por parte de las empresas pero aplicable a cada movimiento en la red.

En un espacio donde todo está visible el contenido es menos susceptible de ser clasificado y cualquiera puede clasificarlo a su antojo y cualquiera puede descalsificarse. Cada paso deja huella y cada huella puede reescribirse. Pero esto, claramente, no va a ocurrir. Los dispositivos de vigilancia son anteriores a la red. Son sociales y van más allá de las ansias comerciales o instituciones. La privacidad es entonce sun anhelo, una condición de necesidad para seguir resistiendo -soportándolo y manteniendo un lugar marginal- dentro de este sistema injusto y desigual.

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desesos

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